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Patricia Gil. Solicitar diagnóstico

MIPYME e inteligencia artificial · Septiembre de 2026

Su personal ya está usando inteligencia artificial

No está esperando a que la gerencia decida. Está ocurriendo desde el celular de cada quien, sin política, sin criterio y sin que nadie revise lo que sale.

En un taller con el equipo administrativo de una empresa de servicios pregunté, sin anotar nombres, quién había usado alguna herramienta de inteligencia artificial para algo del trabajo en el último mes. Levantaron la mano nueve de once personas. El gerente general, que estaba en la sala, levantó las cejas.

Nadie le había ocultado nada. Simplemente nunca se había hablado del tema. La asistente la usaba para redactar respuestas a clientes molestos. Un analista, para resumir contratos largos. Alguien de cobros, para traducir correos. Uno de ellos había pegado una lista completa de clientes con montos adeudados para que le ordenara la cartera.

Ese último caso es el que importa. No porque la herramienta sea peligrosa por sí sola, sino porque la empresa nunca dijo qué información podía salir y cuál no.

La adopción va de abajo hacia arriba

Las mediciones internacionales que existen, como los trabajos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sobre adopción tecnológica en pequeñas y medianas empresas, coinciden en un punto: la brecha entre empresas grandes y pequeñas es enorme cuando se mide la adopción formal, con licencias, políticas y capacitación.

Pero esa medición formal deja fuera lo que ocurre de verdad en una empresa pequeña. Las herramientas de uso general son gratuitas o casi, se abren desde cualquier teléfono y no requieren permiso de nadie. La adopción real no pasa por la gerencia. Pasa por el empleado que tiene una tarea aburrida y encontró cómo hacerla en la mitad del tiempo.

En República Dominicana no existe todavía una medición pública del uso de inteligencia artificial dentro de la MIPYME. Lo digo como lo que es, un vacío. Lo que describo aquí viene de talleres y diagnósticos en empresas, y por eso lo presento como observación de campo y no como dato representativo del país.

Prohibir el uso de estas herramientas no lo detiene. Lo empuja al teléfono personal, donde la empresa no ve nada y no controla nada.

Las tres decisiones que sí puede tomar esta semana

No hace falta una estrategia de inteligencia artificial. Hace falta lo mínimo, que casi ninguna empresa pequeña tiene.

  • Preguntar sin castigar. Una conversación con el equipo, dejando claro que no hay sanción. La respuesta honesta solo aparece si eso queda claro desde el principio.
  • Definir qué información no sale. Datos de clientes, precios, contratos, información del personal. Una página en lenguaje claro, firmada por todos. Es la regla que evita el problema serio.
  • Dejar siempre una persona revisando. Nada llega al cliente sin que alguien lo lea. Estas herramientas redactan rápido y se equivocan con mucha seguridad, que es la peor combinación posible si nadie revisa.

Dónde sí devuelve tiempo

En las empresas donde he visto un ahorro real, el uso está concentrado en tareas repetitivas y de bajo riesgo: redactar respuestas que se parecen entre sí, resumir documentos largos para decidir si vale la pena leerlos completos, ordenar información suelta y preparar borradores que después alguien corrige.

Donde no funciona es donde se le pide criterio que la empresa no ha definido. Una herramienta no sabe cuál cliente merece una excepción, ni con qué proveedor conviene no tensar la relación este mes. Eso sigue siendo trabajo humano, y depende de que la empresa tenga claras sus propias reglas.

La pregunta correcta no es si adoptar inteligencia artificial. Su equipo ya la adoptó. La pregunta es si va a ordenar ese uso o si va a dejar que siga ocurriendo donde no lo puede ver.

Patricia Gil es economista y asesora a empresas dominicanas en el rediseño de sus procesos. Los casos que describe son compuestos y anónimos.